Anunciadas y Frailes Menores

Quien se atreve a arrancar el injerto de la Anunciada del árbol franciscano se expone a no com­prender nada de la Orden de la Virgen María. Esta afirmación se verifica en primer lugar a propósito de la fundadora. ¿ Cómo "pensar " en Juana de Francia sin sus familiares bañados de franciscanismo, sobre todo del lado de su madre ? Carlota de Saboya, la madre de Juana, pelea por mucho tiempo para fundar el monasterio de las clarisas de la Ave-Maria en Paris. Su abuela Ana de Lusignan es terciaria franciscana ; su tía, Yolanda de Francia funda también monasterios de clarisas (Chambery, Genève), su prima hermana, Luisa de Saboya, viuda, entra al monasterio de las clarisas. Juana de Francia se inscribe en esta continuidad : ninguno ignora sus vinculos privilegiados con el Padre Gabriel-María, pero la duquesa de Berry tiene contactos con muchos otros frailes menores de la Observancia, desde el predicador  Oliverio Maillard hasta los frailes más anónimos de los conventos de Amboise y de Meung-sur-Loire.

Esta larga familiaridad con el mundo franciscano explica en parte la espiritualidad de las Anun­ciadas. Pero es toda la historia de la orden que lleva el impregnado de los frailes menores. Insistamos sobre este último punto.

Durante los primeros quince años de su historia, la orden, fundada por Juana de Francia y Gabriel-María pasa progresivamente bajo la jurisdicción de los frailes menores de la observancia. El proceso se acaba con el capítulo de Anvers (1514) durante el cual los observantes reciben oficialmente a las anunciadas bajo su obediencia (Así mismo que las concepcionistas, otra orden marial y franciscana de la misma época). Por consecuencia, los monasterios de la Anunciada están en adelante integrados en las estructuras territoriales de la orden de San Francisco, las "provincias", las cuales van a tener un papel determinante en las nuevas fundaciones. Tomemos un ejemplo claro, el de Bruges en 1516. ¿ Cómo explicar la implantación de una orden fundada por un ex-reina de Francia, en tierra española en una época donde Francia y España se hacen la guerra casi de continuo ? La respuesta a esta pregunta es dada por la geografía de las provincias franciscanas. En efecto, la provincia de la observancia de Francia parisiense - antes de 1517, se necesitaría decir más exactamente "la vicaria de los observantes de la provincia de Francia " - se extiende muy lejos hacia el norte y comprende todas las Flandes ; Bruges pertenece pues al mismo mundo franciscano que Paris o Bourges. Es en 1523 solamente, bajo la presión de los españoles que las Flandes serán erigidas en Provincia franciscana. Pero, durante este tiempo, el padre Juan Glapion, eminente figura de la Observancia y "guardián" de los frailes menores de Bruges pudo hacer venir las hermanas de Bourges para implantar un monasterio en su ciudad. Y la rama "francesa" ha echado raíces en tierra española de manera exitosa.

Otro ejemplo de la implicación de los frailes menores en la expansión de la Anunciada : fue la imponente serie de fundaciones en la primer mitad del siglo XVII. De hecho, el fenómeno participa al movimiento general de la reforma católica, pero no únicamente de él. Desde los primeros tiempos de la Observancia (fin del siglo XIV), los frailes fueron seguidos por numerosísimas terciarias regulares, las hermanas grises. Tenían hospitales y aseguraban cuidados a domicilio. Pues no estaban en clausura al gran descontento de los frailes los más celosos para la reforma. Desde el fin del siglo XV, estos intentaron en hacer adoptar la clausura a las hermanas grises (fue el origen de algunos monasterios de clarisas). Después del Concilio de Trento, y sobre el mandato romano, los frailes menores han vuelto a la carga alentando fuertamente comunidades enteras en tomar la regla de la Anunciada. Varios monasterios (Boulogne sur Mer, Melun, Gand...) deben su existencia a estos pasajes de una regla a otra impuestos por los frailes.

Una vez fundadas, las comunidades de anunciadas participan en la vida de una provincia franciscana, a esta "reciprocidad vital" a la obra entre las diversas categorías de religiosos. Los frailes aseguran la visita regular de las hermanas, dándoles confesores y predicadores (Juan Clerici en Béthune, Médéric Molière en Melun, Juan Herment en Gisors, Piedro David en Popin­court). Las monjas celebran las fiestas fransiscanas y contribuyen a la vida material de la provincia con limosnas y pagos de misa. Los registros de cuentas de Popincourt, integralmente conservados testimonian en cada página, estos intercambios. Allí aún, es imposible leer estos documentos de archivos si se oculta el horizonte franciscano del monasterio.

Si las anunciadas son realmente integradas a las provincias franciscanas, no lo están como las clarisas por ejemplo. Las hijas de Santa Juana parecen guardar siempre una cierta posibilidad de maniobras que las deja más libres frente a los frailes de la Observancia. Esto se manifiesta con una larga apertura de la monjas hacia las otras ramas de la primera orden de San Francisco (capuchinos en particular) ; y se manifiesta también, en caso de conflicto con los frailes, por la jurisdicción del obispo.

Desde la Revolución, los vínculos entre anunciadas y frailes menores han profundamente evolu­cionado. El fenómeno se explica por el regreso tardío de los franciscanos (al menos en Francia) y el pasaje de hecho del conjunto de las comunidades femeninas bajo la jurisdicción del ordinario. Sin embargo, los frailes continúan ejerciendo su solicitud fraterna con los monasterios asociados a la orden ; la existencia de un servicio "pro monialibus" a la Curia Generalicia testimonia de esto. En cuanto a las anunciadas, tienen perfectamente consciencia de pertenecer a la "familia franciscana" y obran en consecuencia.

Pedro Moracchini

Por los que desean saber más :

Pierre MORACCHINI, Au cœur d'une province franciscaine. Les cordeliers, clarisses, soeurs grises et annonciades de "France Parisienne" au XVIIé siècle, Revue Mabillon, Revue internationale d'histoire et de littérature religieuse, nouvelle série, 12 (t. 73), Ed. Brepols, 2001.