La Compasión

Evangelio según San Lucas II 25 - 34

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la conso­lación de Israel ; y el Espíritu Santo estaba en él. El Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin ver al Cristo del Señor. Fue, pues, iluminado por el Espíritu al Templo ; y al entrar los padres con el Niño Jesús, para cumplir lo establecido por la Ley acerca de Él, lo recibió en sus brazos y bendi­jo a Dios diciendo : "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo ir en paz, según tu pala­bra, porque mis ojos han visto tu salvación, que tú has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel ".

Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que decían de Él. Simeón los bendijo y dijo a María su madre : "He aquí que este Niño está provocará la caída y el resurgimiento de muchos en Israel ; será signo de contradicción, y una espada atravesará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones".

Evangelio según San Juan XIX 25 - 27

 Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás, hermana de su madre, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo que Él amaba, dijo a su madre : "Mujer, he ahí tu hijo." Luego dijo al discípulo: "He ahí a tu madre". Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo.

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