Padre Gabriel-Maria (± 1462 - 1532)

Santa Juana de Francia escogiendo, al llamado de María, un Hijo de San Francisco como director y confesor, ha encontrado en el Padre Gabriel-María, un guía y un Padre. Una verdadera comunión espiritual les une. Ambos contemplan a la Virgen a través del Evan­gelio, pero no por sí misma. Su mirada y su pensamiento, en efecto, quedan fijados sobre Cristo que quieren seguir y servir en el corazón de la Iglesia.

Conocido con el nombre de Gilbert Nicolas, el Padre Gabriel-María nació en Riom en Auvernia alrededor de 1462. Un sermón de un religioso franciscano sobre la Inmaculada Concep­ción despierta en él el llamado a la vocación religiosa. Decide pues entrar en la casa de los frailes menores observantes, en el convento de la Rochelle. Ferviente novicio, fue mandado, des­pués de su profesión religiosa, en el convento de Amboise para acabar sus estudios.

En 1498, guardián de este mismo convento de Amboise, confesor y consejero Espiritual de Juana de Francia ; la secundará de todo su poder para la fundación de la Anunciada, siendo verdaderamente cofundador y legislador de su Orden. En su vida, verá la fundación de ocho monasterios. Sus superiores le confian importantes cargos que le obligarán a recorrer casi toda Europa. Muere en el convento de Rodez el 27 de agosto de 1532. El título de bienaventurado le fue dado en la Orden de los Frailes menores y las Anunciadas. En esa época, la Orden Franciscana se formó en dos ramas muy distintas, pero no autónomas - las cuales serán en 1517 - : los observantes, en la que está el Padre Gabriel-María, y los conventuales. El periodo es conflictivo. El tema de la pobreza está en el corazón de los debates.

El padre se hará el defensor de la "letra" como del "alma" de la Regla de San Francisco y de la pobreza franciscana. Algunos de sus escritos lo repercuten. Por otra parte, su devoción a la Eucaristía, Pasión de Cristo, Santos nombres de Jesús y María se inscriben en la tradición franciscana del siglo XV, marcada por Duns Scott y las grandes figuras de la Observancia, como S. Bernardino de Siena, S. Juan de Capistran... pero, sobre todo, el Padre Gabriel-María se distingue por su amor a la Virgen María.

Así, su vida marial y su formación teológica le han preparado para comprender en lo profundo las intuiciones espirituales de Juana de Francia, cuya clase de vida es próxima de las Ordenes Mendicantes, en particular de los frailes menores.