Juana y las virtudes evangélicas de Maria

Pureza       "Vivir en sí misma de un amor cordial,
                                               efectivo por Jesús sólo."
(Regla 1)

En su jardín, Juana ha hecho erigir una cruz grande y bella. A menudo, aunque sea de noche, viene a rezar. ¡ Cuántas veces su jardinero, cuyo silencio ella lo obtiene con algunos dones, la ha sorprendido ! Sólo, el Padre Gabriel-María ha podido penetrar un poco en el secreto de esta vida enteramente escondida en Dios. "Ninguno sabe, dice, lo que yo sé de las virtudes y perfecciones de las que está llena.Todo su pensamiento y su agrado eran pensar cómo podría ser agradable a Dios y a su digna Madre. Fue una de esas personas que más tuvo sentimientos de Dios en sus oraciones sin mostrar ni signo ni apariencia."

Prudencia  " La sabiduría y la prudencia perfectas : saber agradar a Dios." (Regla 2)

En la vida de cada día, Juana da prueba de sabiduría y prudencia.
"Era una señora tan prudente que nunca habló o dio respuesta sin haber primero considerado si agradaba a Dios y haber pedido su ayuda y su gracia para hacerlo bien. Venian a ella en asuntos importantes para pedirle consejo, sabiendo que la prudencia divina estaba en ella." ( Cr. 150)

Humildad "Que las hermanas se comporten con humildad, que
obedezcan con simplicidad.

La Madre Ancila, por su lado, debe amar a sus hermanas como hijas queridísimas." (Regla 3)

A Juana le gusta la vida humilde y simple de todos los días. Ama también a sus hijas "como si fuesen sus propias hijas." Cuando viene a verles en su monasterio, se sienta "cerca de la chimenea, mirándoles hacer sus humildes tareas y regocijándose con ellas familiarmente." También, disimula "los dones y gra­cias que el Señor le hace" revelándolas solamente si el Padre Gabriel-María su confesor la obliga.

Fe " Al ejemplo y a la imitación de la Virgen : ser firme en la fe."  (Regla 4)

" Antes de tu muerte, fundarás..." : Juana vivirá con esta promesa durante más de treinta años, antes de verla realizarse, sabiendo que, "si es la voluntad de Dios y de su bendita Madre, la ayudarán en este asunto." Nunca, por iniciación suya, adelantará la "hora" que se revelará en su mirada de fe, al momento de la anulación de su casamiento.

Alabanza  "Sobre todo : aprender el arte y la ciencia de la alabanza divina y de la oración."  (Regla 5)

Cada día, Juana participa en el Oficio divino. Y la Eucaristía es el núcleo de su vida espiritual. Ahí, recibe gracias excepcionales, ahí, toma todas las decisiones importantes. "Su devoción particular, cuenta la crónica, de la Anunciada , era la devoción al Sagrado Sacramento del altar. Todo su agrado era rezar a Dios , y tener siempre a Dios en su corazón, sus labios y sus obras. La ciencia de la ciencias, decía, es saber loar a Dios."

Obediencia  "Sin la obediencia, la hermana no puede concebir el bien, ni hacer ninguna buena obra." (Regla 6)

Para Juana, los acontecimientos contrarios son como mensajeros anunciando una palabra. Reconoce a Dios bajo las apariencias del momento presente. Así, al momento de la fundación de su Orden las dificultades no faltan, pero su obediencia a la Iglesia -representada por el Padre Gabriel-María - es clara. Cuando ella le confia su deseo de fundar una Orden en el honor de la Virgen María, el Padre no acepta en seguida su pedido. Y, nos cuenta la Crónica, "la santa Señora oyendo la respuesta del Padre, no lo contradice en nada y la cosa quedó así durante dos años."

Pobreza  "Las hermanas deben amar y guardar con cuidado la perla evangélica de la pobreza." (Regla 7)

Juana "tenía bastante bienes pero sin poner su corazón en ellos." Así distribuía todos sus bienes a todos los que sabía que eran indigentes. Decía a sus hijas : "Sean verdaderas imitadoras de la pobreza de Jesús y de su dignísima Madre." Es contemplando a Jesús pobre en su pesebre y sobre todo en su Pasión que Juana ha comprendido el verdadero sentido de la pobreza. Todos los años, en la tarde del Jueves Santo, conmemorizaba la Cena del Señor "lavando los pies a trece pobres, y, nos cuenta la Crónica, "los pobres lloraban viendo la humildad de la noble Señora quién, el misterio acabado, les servía la comida ella misma."

Paciencia

"Si Dios tarda un poco a escucharlas o a dejarse encontrar por ellas, que las hermanas, entonces perseveren en buscarle. Que deseen sufrir algo por el Nombre de Jesús."  (Regla 8)

Juana recomendaba "de hacer memoria de la muerte y de la Pasión de Jesús por que de ellas proceden todos los perdones que recibimos, y también de ser paciente en la adversidad y pacífico con el prójimo." Cuando a su marido, el duque de Orléans lo llevan en prisión, Juana "está llena de dolor a causa de su ausencia y también de paciencia y bondad para con él. Va a visitarle y no cesa de rogar para su liberación al rey Carlos VIII su hermano. Una noche, llega a Nantes donde reside la corte. La casa le fué negada."

Un capitán de la guardia, viendo su gran paciencia, le ofrece su casa para que duerma con sus sirvientes ¡ si no, continúa la Crónica, la noble señora se hubiera quedado toda la noche en la calle !

Caridad  "Todo lo que hacen sin amor, lo pierden." (Regla 9)

Para todos, Juana "es la buena duquesa, la madre de las pobres viudas y de los huérfanos, ayudándoles en sus necesidades. Se informa en secreto para saber donde están en Bourges, los pobres, quien, por vergüenza, quizás, no se atreven a mostrar su indigencia..." Dice a sus anunciadas : "Sean buenas, ámense las unas con las otras. Viéndolas hacer esto, reconocerán que sois hijas del Príncipe de la Paz y el Espíritu Santo habitará en ustedes."

Entre ella y el Padre Gabriel-María hay una verdadera amistad espiritual. Juana lo considera "como un don de María, estimando pues, que él la ama en María y por María, que la Virgen se lo ha dado para su consolación espiritual, para su Orden y para ayudarla." El rasgo de ambos es María. Con Ella, entran en harmonía con el que quieren servir, amar : Cristo.

Compasión

Esta virtud de la cruz es la décima y última, en ello consiste la perfección de las religiosas. Que sean conformes a Cristo su esposo y a su Madre. (Regla 10)«

Juana, nos cuenta el Padre Gabriel-María pedía "la gracia de ser siempre herida en el corazón con la lanza del Amor divino, a fin de que no sintiese otra cosa que les heridas de Cristo."  Estas heridas, las ha tocado en cada miseria que ha aliviado, incluso las que rechazaba la sociedad de su tiempo. La Virgen la ha acercado a Dios, a sus hermanos en humanidad. Era una mujer felíz. Tenía, continúa Gabriel-María, "la bienaventuranza del corazón", es decir la alegría, la que procede de la verdadera caridad, del don de sí.

Es porque, deseaba que sus anunciadas "llevasen también en sí este fuego de la caridad que debe lucir en su corazón con una cierta efusión de alegría en el rostro, con este desapego de corazón, esta apertura de espíritu que la caridad lleva en sí."

Fotos : Vidrieras de la capilla del Monasterio de la Anunciada de Thiais.
© Obras de Maestro Santiago Avoinet