Maria, Maestra de vida espiritual

Juana decía a sus hermanas : " Tengan continuamente la Virgen delante de sus ojos."

Aseguraba que la ciencia de las ciencias, la virtud de las virtudes es saber agradar a Cristo por la imitación de las virtudes de María.

Sabía con experiencia cuanto María, en su propia vida se había mostrado "Maestra de vida espiritual."

Es el Padre Gabriel-María que recibió las confidencias de Santa Juana, y, con él, podemos penetrar  más adelante en el secreto de esta intimidad marial.

Así, él nos revela que, una vez, mientras Juana rogaba y pedía según su costumbre a María de enseñarle como agradarla, supo en su corazón  que la Virgen le enseñaba...

...Tres cosas que le agradan particularmente...

La primera es escuchar a Cristo, sus palabras, su doctrina

Había en la vida de Cristo un punto sobre el cuál María estaba atenta : fueron sus Palabras, y esto le daba gran agrado. Así haremos nosotros también, siguiendo su ejemplo, llevando particularmente en nuestro corazón las Palabras del santo Evangelio. Pues el Evangelio es la principal fuente del conocimiento y del amor por Cristo. La Anunciada descubre en los pensamientos, las palabras y acciones de la Virgen, como aparecen en el Evangelio, la manera para realizar el agrado a Dios, siguiendo el ejemplo de María.

La Iglesia nos dice :

María es la Virgen que escucha, que acoge la Palabra de Dios con fe, una fe que fue para ella el acto preliminar y el camino conduciendo a la maternidad divina, puesto que según la intuición de San Agustín "Él (Jesús) que María dio al mundo en la fe, es en la fe que le concibió." En efecto, después de haber recibido del Àngel la respuesta a su duda (cf Lc 1, 34-37), "dice con fe entera y concibiendo Jesús en su alma antes de concebirlo en su vientre : " He aquí la esclava del Señor ; hágase en mí según tu palabra." (cf Lc 1, 38)

Esta fe fue para Ella causa de bienaventuranza y fuente de certitud en cuanto a la realización de la promesa : "¡ Bienaventurada la que ha creído que se cumplirán las cosas que se le han dicho de parte del  Señor !" (Lc 1, 45). Y, con esta misma fe, en actor capital y testimonio privilegiado de la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, recogiéndolos en lo más profundo de su corazón (cf Lc 2, 19.51). Es lo que hace igualmente la Iglesia, sobre todo en la Liturgía : con fe, escucha la Palabra de Dios, la acoge, la proclama, la venera, la distribuye a los fieles como pan de vida y, a su luz, escruta los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia (Pablo VI, el culto marial hoy, 1974).

Juana de Francia nos dice :

 En cuanto a Juana, nos dice la Crónica de la Anunciada, todo su agrado era rezar a Dios, y tener siempre a Dios en su corazón, en su lengua y en sus obras. ¡ Amaba tanto oír hablar de Dios ! Su corazón era completamente para Dios y se complacía con Él y de oír hablar de Él (Cr. 150-151).

Tener siempre a Dios en su corazón significa que se le escucha. Y escucharle para vivir de Él como Palabra de Dios, al ejemplo de María, es buscar y cumplir en todo "su Agrado."

La hermana que es de Dios, escucha la Palabra de Dios (regla no 37).
 

... La segunda es meditar sobre las llagas de Cristo,
sobre su cruz y su Pasión...

Seguir a Cristo es también participar, de una manera u otra, en su obra de redención. Por el bau­tismo en efecto, somos asociados a la Muerte y a la Resurrección de Jesús Salvador. La Anunciada aceptará el cansancio del trabajo, asumiendo las dolencias y enfermedades , recordándose que los que sufren con Cristo cooperan a la Redención : "Completo en mi cuerpo lo que falta a las pruebas de Cristo para su Cuerpo que es la Iglesia" (Col 1, 24). En este camino, María es su guía.

La Iglesia nos dice :

La santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, por disposición de la divina providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz , aportó a la obra del Salvador una cooperación sin igual por la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad, con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia (Lumen Gentium, no 61).

Juana de Francia nos dice :

Juana de Francia, mientras oraba, oyó en sí misma, muy consolada en su corazón, la Virgen decirle : "hay que tener los pensamientos que mi Hijo tenía en la cruz, decir las palabras que decía en la cruz, y hacer lo que hacía en la cruz. Pues, pensaba en tus heridas y a las suyas. Rogaba por las tuyas y ofreció las suyas en sacrificio para las tuyas. Comprendió también en su interior que se agrada a Cristo meditando sobre sus llagas.

De ciencia probada, Juana conocía las profundidades del padecimiento. Desde el principio de su Orden, orientó a sus hijas hacía la cruz de Cristo. Pero lo hacía a la manera de María : por la observancia de las diez virtudes de la Virgen, se elevaría a la contemplación de las llagas de Nuestro Salvador Jesús y subiría hasta la cruz. Y allí permanecería de corazón y espíritu con la ayuda de la Virgen María. ( Crónica de la Anunciada ).

Este insistencia, vivida en una alegría que se unía a la alegría misma de Dios, Santa Juana quería transmitirla a sus hijas. Les encomendaba...de vivir haciendo memoria de la Pasión y de la muerte de Nuestro Señor pues de ellas proceden todos los perdones, todas las gracias que recibimos (Crónica de la Anunciada). Agradar a Dios, día tras día, de momento en momento para unirse por las llagas de Cristo, al agrado de Dios, es verdaderamente el camino marial, este camino de amor de la Anunciada.

...El tercero es amar el Santísimo Sacramento del Altar, o la Eucaristía...

En su vida de oración y de ofrenda, la Anunciada está vuelta a la vez hacia Dios y hacia los hombres. Tomando parte de la liturgía de la Iglesia, cuyo centro es el misterio eucarístico, su rezo se junta con el de la Iglesia, en particular en la celebración de este gran misterio de la fe ; Con María y la Iglesia, "persevera en la comunión y la fracción del Pan"(Ac 1, 14).

La Iglesia nos dice :

María está presente en el misterio de la Iglesia como "modelo". Pero el misterio de la Iglesia consiste también en engendrar hombres a una vida nueva e inmortal : es esta su maternidad en el Espíritu Santo. Y en esto, María no es solamente el modelo y la figura de la Iglesia, sino mucho más. En efecto, " con amor materno, coopera al nacimiento y a la educación " de los hijos y de las hijas de la madre Iglesia... Esta Maternidad es particularmente percibida y vivida por el pueblo cristiano en la celebración eucarística - celebración litúrgica del Misterio de la Redención dónde Cristo se hace presente, en su verdadero Cuerpo nacido de la Virgen María.

Con justo título, la piedad del Pueblo cristiano ha siempre visto un lazo profundo entre la devoción a la santa Virgen y el culto de la Eucaristía... María conduce los fieles a la Eucaristía (Juan  Pablo II, Redentoris Mater, no  44).

Juana de Francia nos dice :

Juana amaba particularmente la Eucaristía. Algunas veces, nos dice la crónica de la Anun­ciada, "se presentó para la santa comunión con una devoción tan grande que incitaba a todos los que la miraban a la devoción" (Cr 105-106).

Que las hermanas amen por encima de todo el Coro (el Oficio) y el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, pues la principal devoción de la Virgen María fue la devoción a la Misa y al Santísimo Sacramento del Altar (Regla no 40).

Por su lado, el Padre Gabriel-María tenía gran respeto y amor por este Sacramento. "Decía la misa con tanta devoción que todos los que asistían, eran llevados a loar a Dios (Cr 314). Por Él, "la santísima Hostía es... el Pan de vida y el Pan del camino de nuestro viaje aquí abajo. Fortificado por Él, llegaremos... a la montaña de Dios, es decir a la gloria de los bienaventurados a la cual nos conduce la Madre de Dios, estrella del mar, reina del cielo, soberana de los ángeles, Madre de la gracia, abogada de los pecadores, la Virgen María. Amén ! (DC p. 65)

...Hay también una cuarta cosa que María enseña a Juana :
ser una persona de paz.

La sola Palabra de Cristo es una Palabra de Paz, porque Cristo es el autor de la Paz, es Él quien la ha dado y enseñado (DC 63). Si Jesús resucitado nos da su paz, nos deja su paz, es para que vivamos de este Don ; y que, a la vez, nosotros la demos a los otros. Así la anunciada tendrá el cuidado particular de mantener la paz en sí misma y en los demás, de perdonar de buen agrado a las otras sus ofensas al ejemplo de Cristo misericordioso. Juana deseaba que un verdadero espíritu de misericordia y conversión circulara entre las hermanas.

Esto, lo tenía de María : "te esforzarás, le dice la Virgen, por establecer la paz entre todos en medio de los cuales habitas. No dirás otra cosa que palabras de paz, inquieta de la salvación de las almas. No escucharás palabras vergonzosas o murmuraciones y cuando veas algunos pecadores, dirás en tu corazón : hay que salvar a estas pobres personas, pues Dios ha permitido que pequen en tu presencia para ver, Él, Dios, cómo rogarías por ellos y qué trabajo llevarías a cabo a fin de poder salvarles. Excúsales delante de Dios a fin de ser, como lo he dicho, la abogada y la defensora de todos" (DC p 13).

Juana de Francia nos dice :

Juana recomendaba ser paciente en la adversidad y pacífico con el prójimo, de no estar con descontento ni ser detractores (Cr 90) ; Dice a sus hermanas : "Hijas mías, preocúpense por hacer progresos, sean buenas, venerando y amando a Dios ; ámense unas a otras. Viéndolas hacer esto, reconocerán que son hijas del Príncipe de la paz" (Cr 101). Y, en sus estatutos, añade : "que todas las hermanas  tengan solamente un corazón y un alma, entonces el Espíritu Santo habitará en las hermanas"  (SM 109).

"Entonces, que las hermanas hagan todos los días el "sermón de la paz", es decir que establezcan siempre la paz entre las hermanas, reconciliándose las que se han disputado, excusando todas y haciéndose siempre las abogadas de la paz" (Regla Ovm).

Cuando el Padre Gabriel-María venía a un convento o a una casa, anunciaba la paz. Cuando se iba, dejaba y recomendaba paz y caridad, suplicando con corazón paternal de animarse las unas a las otras, al ejemplo de nuestro dulce Señor Jesús (Cr 330).

Decía a las primeras anunciadas : " Que todas las palabras sean amor y caridad " (10 Pl, p. 15).

Para el Padre Gabriel-María, "la labor" de la Virgen María  es obtener la paz para todo hombre de buena voluntad. Es su "labor." Siguiendo a María, la Anunciada y todos los que viven de su Espíritu evangélico intentarán, de la mejor manera y según sus medios, ser abogados de la paz, procurando paz y misericordia alrededor de ellos… (DC p 63).

La Iglesia nos dice :

Jesucristo nos ha enseñado que el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios sino que también es llamado a "hacer misericordia" a los demás. El hombre llega al amor miseri­cordioso de Dios, a su misericordia en la medida donde el mismo se transforma interiormente en el espíritu de un tal amor para el prójimo. Este proceso auténticamente evangélico realiza no solamente una transformación espiritual una vez por todas, sino que es todo un estilo de vida, una característica esencial y continua de la vocación cristiana. Consiste en el constante descu­brimiento y en la puesta en obra perseverante del amor, como fuerza que a la vez unifica y eleva, a pesar de todas las dificultades psicológicas o sociales ; se trata en efecto de un amor misericordioso que es por esencia un amor creador... La misericordia es un elemento indispensable para formar las relaciones mutuas entre los hombres, en un espíritu de gran respecto con lo humano y con la fraternidad recíproca... El mundo de los hombres llegará a ser "siempre más humano" solamente cuando introduzcamos en todas las relaciones que modelan su rostro moral, el momento del perdón, tan esencial para el Evangelio. El perdón afirma que el amor más fuerte que el pecado está presente en el mundo. La conciencia de ser deudores unos con otros va junto al llamado a la solidaridad fraterna que San Pablo ha expresado concisamente, invitándonos a soportarnos "los unos a los otros con cari­dad" (Ef 4,2). ¡ Qué lección de humildad está encerrada con respeto al hombre, al prójimo y a nosotros mismos ! ¡ Qué escuela de buena voluntad para la vida en común de cada día, en las diversas condiciones de nuestra existencia ! (Juan Pablo II, Div. in mis. 80).